La increible aventura de cambiar un foco

Siempre fui una persona tranquila, de esos a los que no les gusta eso de correr riesgos innecesarios, sobre todo riesgos en el sentido de poner en peligro mi integridad física.

Dada esa pequeña introducción, que me pareció importante para fijar un poco el contexto, procedo a contarles mi experiencia:

Todo comenzó cuando tuve que cambiar un foquito…. pero no cualquier foquito, una dicroica, pero no cualquiera, una que se encuentra en el segundo piso de mi casa. Esto no representaría ningún problema, de no ser porque justo el lugar donde esta el foquito no hay piso. Esta justo sobre una doble altura. Como ingeniero que soy, puse en marcha mi mentalidad practica entrenada en la resolución de problemas (¿?), e idee un plan impecable….. poner un tablón que cruce de manera transversal el espacio de la doble altura, es decir, el tablón quedo apoyado entre el pasillo y el borde de una ventana. Para abajo había solo un piso, entonces le pedí al plomero, que justo estaba ahí laburando, que por favor me cuide (imaginate, qué me podría llegar a cuidar), en verdad solo quería que estuviera atento para llamar al 911 en caso de que me caiga. Entonces empece a caminar por el tablón, yo estaba pálido y sentía como corría sudor frío por mi cuello,el plomero miraba, llego a la otra punta donde estaba la lamparita, y venia lo mas difícil… estirarme en puntas de pie para alcanzar la dicroica. entonces para evitar perder el equilibrio, apoye mi cuerpo sobre el vidrio (aclaro que esa fue una operación segura porque el vidrio es grueso y laminado), a esta altura yo llevaba como 10 segundos sobre el tablón, casi que no podía respirar, me apoyo, pensaba “no mires para abajo y no seas marica en frente del rudo plomero”, que miraba la situación sin comprender por qué lo distraje del armado de la grifería del baño, me estiro, saco la lamparita, el aplique que tiene unos alambritos para sostenerse al quitarlo me golpea la mano como un latigazo, no sentí el dolor, solo el riesgo de caer al vacío (3 metros), pongo la nueva, 20 segundos en la altura, tomo aire, me estiro una vez mas y coloco el aplique en el techo y en el mismo momento me vuelvo a reposar sobre el vidrio…. la estaba pasando muy mal, el plomero miraba, digo “bueno, listo, ahora a caminar por el tablón de nuevo”, eran como 2 metros, pero yo al plomero lo veia diminuto en la otra punta, cuando me doy cuenta que no podía volver, el vidrio me chupaba, sentía que si despegaba mi hombro del vidrio se me venia el mundo abajo, el plomero se da cuenta de la situación y me alienta “dale, camina”, todo era caótico, habían pasado como 30 segundos que para mi fueron días, así que tome fuerzas, despegue el hombro, di un paso, me paralice, el plomero miraba, en ese momento sentí que no podía, me trague mi orgullo, y dije las siguientes palabras: “dame la mano” … y así fue como perdí mi dignidad…

Como información adicional, 20 minutos antes, el electricista había colocado las 3 dicroicas, poniendo el mismo tablón, sobre el cual ademas coloco una escalera que sobresalía a los costados, el tipo era petizo y gordo, pero se manejaba como gato en el tejado. Una de las lamparitas resulto ser luz amarilla mientras que las otras eran luz blanca. En el mismísimo momento que prendí la luz, supe que se venia una situación traumática…

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Un comentario en “La increible aventura de cambiar un foco

  1. Clap clap clap clap clap clap!

    Impecable relato, los que tenemos vértigo sabemos que es así tal cual lo contás. Hubiese pagado por ver la cara del plomero cuando le pediste la mano…

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