Seguimos con complicaciones caseras

Así como la vez pasada tuve que lidiar con el cambio de un foco, esta vez me enfrente a otro gran desafió. Y si, ser padre de dos hijos, y haberse mudado a un casa recién terminada con lo mínimo tiene sus complicaciones…..

En esta ocasión, mi mujer tuvo que ir al supermercado, ella se llevo al mayor de los chicos, y yo me quede en casa con el menor. Como la casa tiene muchas cosas por terminar, cuando no estoy haciendo arreglos siento que estoy perdiendo el tiempo, así fue que me dispuse a emparchar con enduido una imperfección en el techo, y luego a ponerle cemento a la casita del gas, esa que esta en la entrada de todas las casas, porque el agujero por el que sale el caño del gas era demasiado grande.

Como ya dije, estaba con mi hijo menor. Él recién aprende a caminar, y como es muy inquieto y le gusta mucho descubrir el mundo, lo deje libre mientras yo procedía con los arreglos. Así fue que al cabo de mas o  menos 30 minutos, termine con los arreglos, y el nene permaneció feliz jugando en la tierra. Fue en ese momento que tuve una visión…. “tengo que hacer que salga pasto en el jardín”….

Entonces agarre la manguera, la conecte, y me puse a regar el jardín (decir “jardín” es un forma de decir, en realidad es un pedazo de tierra con algo de pasto (decir “pasto” es forma de decir, en realidad es solo tierra con algunos yuyos (decir “yuyos es una forma de decir, en realidad son vegetales secos color amarillo))). Comencé por la parte donde no estaba el nene jugando. Todo iba bien, hasta que el nene vio que yo estaba haciendo algo que a él le resultaba interesante, esto fue unos 4 segundos después de que abrí el agua…. Como se me acerco y quería tocar el agua, lo alcé (la manguera que yo tengo tiene un aspersor en la punta lo que facilito la cosa), además, la otra alternativa hubiera sido dejar de regar, pero esto no hubiera ayudado mucho, ya que la tierra se había convertido en barro, lo que hubiera ocasionado que el niño, ademas de mojarse se hubiera embarrado.  Todo iba bien, hasta que el nene, por algún motivo que desconozco, paso de la alegría y buen humor, a vomitar sobre mi espalda…. la cosa se empezó a complicar….. como pude lo corrí para el costado para que vomitara el pasto (recuerden que es una forma de decir, no es pasto), y con la otra mano sostenía la manguera, de repente no sabia cual era la manguera y cual el niño, todo se convirtió en una orgía de agua y vomito…. en ese momento supe que algo tenia que hacer…. o dejaba de regar, relegando mi sueño de tener un jardín como tiene que ser, con pasto, o seguía regando y dejaba al niño encerrado en la casa mirándome por la venta como yo regaba y yo mirándolo a él, como vomitaba….. ninguna de las opciones era buena…. en ese momento hubiera pagado una fortuna por un aspersor de esos comúnmente llamados “sapitos”, pero no tenia forma de hacerme con uno…. entonces me dije: “A ver… sos padre…. sos jardinero… sos ingeniero… algo se me tiene que ocurrir…”. Mire a mi alrededor, el niño lloraba, la manguera mojaba la tierra generando barro, yo miraba como en cámara lenta cada mueble, herramienta, material y escombro de mi casa… Y fue en ese momento en que me ilumine… tuve una epifanía… vi un banquito de jardín (recuerden que “jardín” es una forma de decir), y culminé con la adjunta obra de ingeniería:

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Bueno, espero que les haya gustado la historia, y que les sirva mi invento. Como soy una persona que cree que los descubrimientos son patrimonio de la humanidad, no lo voy a patentar, así que siéntanse libres de implementarlo y mejorarlo como mas les guste, pero eso si, tienen que compartir sus mejoras!

Saludos!

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La increible aventura de cambiar un foco

Siempre fui una persona tranquila, de esos a los que no les gusta eso de correr riesgos innecesarios, sobre todo riesgos en el sentido de poner en peligro mi integridad física.

Dada esa pequeña introducción, que me pareció importante para fijar un poco el contexto, procedo a contarles mi experiencia:

Todo comenzó cuando tuve que cambiar un foquito…. pero no cualquier foquito, una dicroica, pero no cualquiera, una que se encuentra en el segundo piso de mi casa. Esto no representaría ningún problema, de no ser porque justo el lugar donde esta el foquito no hay piso. Esta justo sobre una doble altura. Como ingeniero que soy, puse en marcha mi mentalidad practica entrenada en la resolución de problemas (¿?), e idee un plan impecable….. poner un tablón que cruce de manera transversal el espacio de la doble altura, es decir, el tablón quedo apoyado entre el pasillo y el borde de una ventana. Para abajo había solo un piso, entonces le pedí al plomero, que justo estaba ahí laburando, que por favor me cuide (imaginate, qué me podría llegar a cuidar), en verdad solo quería que estuviera atento para llamar al 911 en caso de que me caiga. Entonces empece a caminar por el tablón, yo estaba pálido y sentía como corría sudor frío por mi cuello,el plomero miraba, llego a la otra punta donde estaba la lamparita, y venia lo mas difícil… estirarme en puntas de pie para alcanzar la dicroica. entonces para evitar perder el equilibrio, apoye mi cuerpo sobre el vidrio (aclaro que esa fue una operación segura porque el vidrio es grueso y laminado), a esta altura yo llevaba como 10 segundos sobre el tablón, casi que no podía respirar, me apoyo, pensaba “no mires para abajo y no seas marica en frente del rudo plomero”, que miraba la situación sin comprender por qué lo distraje del armado de la grifería del baño, me estiro, saco la lamparita, el aplique que tiene unos alambritos para sostenerse al quitarlo me golpea la mano como un latigazo, no sentí el dolor, solo el riesgo de caer al vacío (3 metros), pongo la nueva, 20 segundos en la altura, tomo aire, me estiro una vez mas y coloco el aplique en el techo y en el mismo momento me vuelvo a reposar sobre el vidrio…. la estaba pasando muy mal, el plomero miraba, digo “bueno, listo, ahora a caminar por el tablón de nuevo”, eran como 2 metros, pero yo al plomero lo veia diminuto en la otra punta, cuando me doy cuenta que no podía volver, el vidrio me chupaba, sentía que si despegaba mi hombro del vidrio se me venia el mundo abajo, el plomero se da cuenta de la situación y me alienta “dale, camina”, todo era caótico, habían pasado como 30 segundos que para mi fueron días, así que tome fuerzas, despegue el hombro, di un paso, me paralice, el plomero miraba, en ese momento sentí que no podía, me trague mi orgullo, y dije las siguientes palabras: “dame la mano” … y así fue como perdí mi dignidad…

Como información adicional, 20 minutos antes, el electricista había colocado las 3 dicroicas, poniendo el mismo tablón, sobre el cual ademas coloco una escalera que sobresalía a los costados, el tipo era petizo y gordo, pero se manejaba como gato en el tejado. Una de las lamparitas resulto ser luz amarilla mientras que las otras eran luz blanca. En el mismísimo momento que prendí la luz, supe que se venia una situación traumática…